El coche eléctrico nos transforma

Para algunos conducir un coche eléctrico puede resultar aburrido y carente de emoción. La casi ausencia de ruido y las aceleraciones “planas” transportan a su conductor a un mundo de “alfombras mágicas”.
Muchos son los que reniegan de ellos por esta misma razón. “Me gusta conducir” reza el eslogan y muchos lo usan en defensa del coche de combustión.

Hasta yo mismo tenía claro que el día que me subiera a un eléctrico, algo cambiaría en mi. Lo que no sabía era como de grande sería el cambio.

Ahora, y después de haber probado muchos, analizo cómo ha sido esa metamorfosis en el mundo del electrón.

Y es que conducir un coche eléctrico no es muy distinto a lo que estamos acostumbrados, pero tiene algo de magia que sí hace que no volvamos a ser los mismos.

Seguramente muchos dirán que un automático o un híbrido es prácticamente lo mismo pero no. Les faltan ese algo que te engancha.

Quizás sea más psicológico que otra cosa, quizás sea fanatismo o obsesión pero ninguna de mis otras muchas aficiones, frikismos, tecnopatias me ha calado tanto.

La primera vez que subí a uno tuve claro que eran el futuro. Más fáciles de conducir, silenciosos, suaves y al mismo tiempo potentes. La conectividad en su máximo exponente.

Pero aunque muchas de estas cosas puedan estar en coches de combustión modernos hay algo que lo cambia todo. Nunca emite ningún gas. El coche en sí mismo no contamina y eso, unido al silencio, te transmite una paz y una concienciación que embriaga.

No hay nada parecido con ningún otro coche. Ni híbridos, ni enchufables ni el mejor automático del mercado. Tu conciencia se despierta los más “oscuros” pensamientos ecos y un día te das cuenta de que te aterroriza el dato de CO2 emitido por tu consumo de la luz o la cantidad de energía derrochada por los “stand-bys” de tu casa, quizás porque ahora sí sabes cuántos kilómetros recorrerías si los pudieras aprovechar en tu coche eléctrico.

Te escandaliza pensar el tiempo que llevas ignorando estos datos y anhelas el día que instales una solución de autoconsumo y tu coche y tu garaje dejen de oler a contaminación.

Todo ese tiempo que podríamos haber aprovechado para evitar que nuestras ciudades de conviertan en el hollín que son hoy.

Quizás algún día haya más gente afectada por esta “eco-consciencia” y nos centremos en ser eficientes y disfrutar de los paisajes verdes

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