El lamento de un Diesel

Recuerdo el día que entraste en el concesionario buscándome.

Tenías claro que querías un diesel. Combustible más barato, menos averías y menor consumo te decían. Y lo tenías claro.

La primera vez que te subiste y dimos un paseo fue insuperable.

Miles de kilómetros y miles de sitios por descubrir nos esperaban.

Y así fue durante los primeros años.

Los dos estábamos contentos.

Poco después llegaron mis hermanos los híbridos y aunque sabía que los mirabas de reojo, estabas contento conmigo y los kilómetros en mi contador siguieron pasando.

Te casaste, tuviste hijos y estos empezaron a “decorar” mis asientos traseros. Pero todo iba bien y seguías cuidándome y disfrutando cada kilómetro conmigo.

Me llevabas a pintar cuando me hacían algún arañazo, me lavabas con cera y me secabas con mimo con una buena bayeta que habías comprado expresamente para mí.

Era muy feliz. Incluso cuando tuve algún fallo, siempre cuidabas de mi.

Pero entonces llegaron los eléctricos y todo cambió. Ya no eran unas miraditas a esos coches carentes de personalidad, insonoros y suaves. Era ya una obsesión.

Empezaron a molestarte todos mis defectos que nunca antes habían captado tu atención. Que si hago mucho ruido, que si vibro, que si sale humo negro por mi escape, que si mancho…

Me convertí de la noche a la mañana en un apestado.

Y pronto vi como a mis amigos diesel les pasaba lo mismo y empezaron las restricciones en las ciudades dejándonos relegados a ciudades pequeñas, pueblos y campos.

Hasta tal punto que nuestras casas madres comenzaron a buscar maneras de evitar la extinción con métodos poco honorables. Pero llegó el escándalo con el llamado #dieselgate y todo terminó.

Hemos pasado de ser el centro de atención y dominar el mundo a ser una clase marginal en vías de exclusión.

Y todo por unos coches que ni rugen cuando aceleran ni transmiten ninguna sensación de conducir.

Yo, sin más que decir, te deseo que el día de mañana cuando circules con tu eléctrico se repita la historia y empieces a mirar de reojo a la siguiente generación tecnológica.


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